
La Federación Mundial de Atletismo (World Athletics) anunció que, a partir del 1 de septiembre, todas las atletas que deseen competir en la categoría femenina en competiciones de clasificación mundial deberán someterse a una prueba genética única para confirmar su sexo biológico.
La prueba detecta la presencia del gen SRY, ubicado en el cromosoma Y, y podrá realizarse mediante un raspado bucal o análisis de sangre. La medida busca, según el organismo, “proteger la integridad del deporte” y garantizar condiciones justas en la competencia.
“Para competir en la élite femenina, hay que ser biológicamente mujer”, declaró el presidente de World Athletics, Sebastian Coe. La decisión ocurre en un contexto de debate sobre la participación de atletas transgénero y con diferencias en el desarrollo sexual (DSD).
La medida llega tras casos polémicos, como el de la boxeadora argelina Imane Khelif, descalificada en 2023 por no cumplir los criterios de elegibilidad de género, aunque posteriormente fue admitida en los Juegos Olímpicos de París 2024 por decisión del COI.
